Del campo a la mesa: la historia que define la calidad de nuestros alimentos
María Janeth Rodríguez Roque*, Elizabeth Villalobos Pérez, Ileana Moreno Durán, Nora Aideé Salas Salazar, María Antonia Flores Córdova, Mayra Cristina Soto Caballero. Autor de correspondencia: mjrodriguez@uach.mx
Cuando tenemos una manzana en la mano, cortamos un tomate para la ensalada o disfrutamos de unas tortillas recién hechas, pocas veces pensamos en todo lo que tuvo que suceder para que esos alimentos llegaran a nuestra mesa y aún es menos común el plantearnos ¿cómo adquirieron su calidad? ¿qué retos tuvieron que vencerse? o bien ¿pueden perder la calidad?
La calidad no aparece por casualidad y comienza antes de que el fruto llegue al mercado. De hecho, la calidad comienza desde que los alimentos están en el campo, empezando en el suelo, después en la cosecha y depende de decisiones tecnológicas y administrativas que, aunque casi nunca vemos, influyen en la calidad, la inocuidad e incluso en el precio de estos productos. Por lo tanto, la calidad de los productos hortícolas es el resultado de tres elementos fundamentales: el suelo, la poscosecha y la administración agrotecnológica (Figura 1).
Figura 1. Interacción de la calidad con el suelo, la poscosecha y la administración agrotecnológica.
Aunque parecen no tener relación, estos tres elementos están conectados. El suelo establece las condiciones adecuadas para producir alimentos: nutrientes, pH, agua, minerales, interacciones benéficas con microorganismos; la poscosecha ayuda a conservar, procesar o transformar lo que se ha obtenido sin que pierda su calidad; la administración agrotecnológica permite coordinar los recursos, las personas y las herramientas necesarias para que el alimento llegue al consumidor en las mejores condiciones posibles.
Entender esta relación nos invita a mirar nuestros alimentos no solo como productos aislados en un estante, sino como el resultado de un sistema productivo dinámico que requiere cuidado, conocimiento e innovación.
1. El suelo: el inicio de la producción
Aunque muchas veces pensamos que no tiene vida, en realidad el suelo es un sistema dinámico donde interactúan minerales, agua, aire, materia orgánica, microorganismos y raíces.
Un suelo saludable proporciona soporte a las plantas, almacena agua, facilita la disponibilidad de nutrientes y alberga comunidades de organismos que a simple vista no percibimos, por eso se llaman microorganismos, que participan en la degradación de la materia orgánica y en otros procesos esenciales para el crecimiento vegetal.
La composición del suelo influye en el desarrollo de los cultivos y puede repercutir en características como el tamaño, la firmeza, el color y la composición nutricional de frutas y hortalizas, es decir repercute en su calidad.
Un suelo degradado puede limitar la productividad y aumentar la vulnerabilidad de los cultivos. En cambio, un suelo cuidado ayuda a construir sistemas agrícolas más resilientes y capaces de producir alimentos a lo largo del tiempo. Así, el suelo es una parte fundamental de nuestro sistema alimentario, y debemos cuidarlo, incorporando de forma responsable materia orgánica, rotando cultivos para reducir su erosión, haciendo uso eficiente de fertilizantes y agua.
2. La poscosecha: una carrera contra el tiempo
Una vez que una fruta u hortaliza se corta de la planta/árbol, comienza una etapa decisiva: la poscosecha. Aunque ya no recibe agua ni nutrientes de sus raíces, el producto continúa vivo, es decir, respira, pierde agua (transpira), modifica sus compuestos y responde a las condiciones del ambiente.
La poscosecha comprende actividades que abarcan desde el corte, la selección, clasificación, limpieza, desinfección, enfriamiento, empaque, transporte, almacenamiento, conservación, procesamiento y transformación de productos hortícolas. Cada proceso debe adaptarse a las características de cada alimento y es aquí aparece uno de los grandes desafíos de la cadena agroalimentaria: conservar durante el mayor tiempo posible las características de calidad que hacen valioso al alimento, por ejemplo su color, olor, sabor, firmeza, frescura, textura, su valor nutricional y que esté libre de microorgansimos perjudiciales para nuestra salud (que esté inocuo).
¿Por qué es importante esta etapa?
Porque un alimento puede haberse producido en buenas condiciones en campo y perder su valor comercial en la poscosecha por malas prácticas de manejo.
Las pérdidas poscosecha contribuyen desperdicio de alimentos, y de recursos naturales valiosos como agua, energía, suelo, mano de obra e inversión económica. Por eso se debe tener una manipulación cuidadosa, un enfriamiento oportuno, envases apropiados al alimento y una cadena de frío bien gestionada para ayudar a prolongar la vida útil de nuestro alimento.
3. Administración agrotecnológica: la importancia de las decisiones
Detrás de un alimento con calidad, existe algo que pocas veces reconocemos: la organización de toda una cadena de decisiones. Preguntas como ¿Cuándo conviene cosechar? ¿Qué temperatura necesita el producto? ¿Qué tecnología es más viable para un productor? ¿Cómo evitar pérdidas sin elevar excesivamente los costos? son parte del día a día de la administración agrotecnológica, entendida como la integración de conocimientos agrícolas, herramientas tecnológicas y capacidades de gestión para mejorar los procesos de producción, conservación y comercialización.
Su importancia radica en conectar la ciencia con la realidad. Una tecnología puede ser prometedora en el laboratorio, pero si requiere una inversión inaccesible, consume mucha energía o no se adapta a las condiciones de los productores locales, su impacto será limitado. La innovación verdaderamente útil no consiste solamente en incorporar equipos modernos, sino en seleccionar soluciones apropiadas, medir resultados y mejorar continuamente.
La administración agrotecnológica también permite evaluar costos, capacitar al personal, establecer procedimientos de higiene, rastrear el origen de los productos y tomar decisiones basadas en datos. En este proceso, productores, investigadores, transportistas, comerciantes y consumidores forman parte de una misma red.
4. El consumidor también es parte del equipo
La calidad de un alimento no está a salvo cuando está en un supermercado, sino hasta que es consumido. Por lo que las decisiones de un consumidor son importantes, por ejemplo, comprar cantidades acordes con sus necesidades, conservar los alimentos según sus características, aprovechar las sobras y evitar desechar productos que todavía pueden consumirse. Estas son acciones que ayudan a reducir el desperdicio de alimentos.
También se puede valorar la calidad no sólo desde la perfección estética o visual, sino desde el punto de vista que cumpla con las condiciones de calidad según el producto y las condiciones de inocuidad. Valorar los alimentos más allá de la apariencia nos permite comprender el esfuerzo humano y ambiental que existe detrás de cada producto.
Por lo tanto, el verdadero reto no sólo es lograr que cada alimento que llegue del campo a la mesa tenga calidad, sino que haya sido producido con un suelo cuidado, una cadena poscosecha eficiente y una administración agrotecnológica con compromiso compartido con el futuro (Figura 2).
Figura 2. Del campo a tu mesa, la ciencia detrás de la calidad de los alimentos. Imagen elaborada con ayuda de la Inteligencia Artificial mediante ChatGPT en octubre 2026.
Divulgación Científica, ¡en video!