La vida en la Tierra depende de un proceso aparentemente simple: la fotosíntesis.
Este proceso, que convierte la energía solar en alimento vegetal, es dirigido por una enzima que es tan esencial como notoriamente ineficiente: la Rubisco.
La Rubisco (ribulosa-1,5-bisfosfato carboxilasa/oxigenasa) es la proteína más abundante del planeta y el motor principal de la fijación de carbono.
Sin embargo, su doble personalidad enzimática plantea un dilema fundamental que define la fisiología y la productividad de casi todas las plantas.
La Rubisco se encuentra en el estroma del cloroplasto en las plantas, el compartimento donde ocurre la magia de la conversión de carbono a Azucares. Su función es catalizar la primera etapa del Ciclo de Calvin, donde se forma la glucosa.
No obstante, la Rubisco puede reaccionar con dos sustratos distintos: el dióxido de carbono (CO2) o el oxígeno (O2) y es ahí, donde de acuerdo a las condiciones ambientales el proceso se puede ir al camino productivo osea a fijar el CO2 y producir glucosa o al camino de derroche de energía y fijar O2. Gracias a la evolución, las plantas adaptaron un sistema de ayuda para hacer mas eficiente la fijación de CO2 y producir mas biomasa vegetal que se traduce en frutas, verduras y raices de las cuales nos alimentamos los humanos.